lunes 25 de mayo de 2009
La píldora ddd
Lo demuestra diciendo que mata al embrión antes de que anide, es decir, que ya hay una célula viva, no evita que se forme, por lo que no es un método anticonceptivo, sino que mata a la célula embrionaria después de que esta ya se haya formado.
b. ¿A qué se refiere el autor con la expresión "uso estratégico del lenguaje"?
Intenta ocultar que lo que hace la píldora es asesinar al embrión, pero se usa la palabra preembrión para dar a entender que no es vida.
c. ¿Qué opinas de la recomendación que hace a los médicos y farmacéuticos?
Les recomienda que se opongan a darla, pero hay casos determinados en los que pensamos que no deberían oponerse, debido a que puede ser necesitada realmente.
viernes 15 de mayo de 2009
Síntesis - La dignidad de la persona humana
-Todo ser humano es digno por el hecho de ser persona humana. De esta dignidad derivan los derechos fundamentales del hombre.
-La igualdad radical de la dignidad humana de todas las personas es compatible con las diferencias individuales, dadas por la propia naturaleza, por las cualidades personales, etc.
-La Docrina Social de la Iglesia condena las injustas y escandalosas desigualdades sociales que existen en el mundo, entre los habitantes de una misma nación y entre los países pobres y ricos.
-En la época actual, a pesar de sus adelantos técnicos, existe un gran desprecio por los valores humanos. Entre los atentados contra la dignidad humana están: el genocidio, el aborto, la eutanasia, etc.
-El aborto provocado es la eliminación voluntaria de una criatura humana antes de que pueda vivir fuera del seno materno. No se trata solo de un problema religioso. Se trata de una cuestión de ley natural. El ser concebido es un sujeto human que tiene derecho a vivir. La madre no tiene derecho sobre la vida del hijo.
- La pena de muerte, que se aplica en determinados delitos por parte de los poderes públicos, es injustificable. El Estado dispone de otros medios para defender eficazmente a los ciudadanos de los delincuentes.
-Nunca es lícito tomar medidas directas para acabar con la vida de un ser humano débil o enfermo, de forma que la eutanasia es siempre gravemente ilícita.
-Las técnicas de procreación artificial o de fecundación artificial permiten iniciar la vida humana por una vía distinta de la unión natural entre hombre y mujer. Estas técnicas son moralmente ilícitas. El ser humano en período de gestación merece el respeto debido a la persona humana. No es una cosa ni un mero agregado de células vivas, sino el primer estadio de la existencia de un ser vivo.
viernes 24 de abril de 2009
La eutanasia
Es causar la muerte a otro con o sin su consentimiento para evitarle dolores físicos o padecimientos de otro tipo considerados insoportables. Por tanto, la eutanasia representa siempre una forma de homicidio pues implica que un hombre da muerte a otro ya sea por un acto positivo o por la omisión de la atención y cuidados debidos.
b. ¿Cuantos tipos o métodos hay?
Voluntaria: solicitada por el que quiere morir
Involuntaria: cuando no la solicita
Perinatal: cuando se aplica a recién nacidos deformes o deficientes
Agónica: cuando se aplica a enfermos terminales
Psíquica: cuando se aplica a afectados de lesiones cerebrales irreversibles
Social: cuando se aplica a ancianos u otro tipo de personas tenidos por socialmente improductivos o gravosos.
Auto-eutanasia: esto no es eutanasia según la definición que dimos, sino suicidio.
Activa: la muerte se produce por acción positiva
Pasiva: la muerte se produce por omisión
Directa: busca directamente la muerte
Indirecta: busca mitigar el dolor aun sabiendo que ese tratamiento puede acortar la vida del paciente. Esto tampoco es eutanasia.
Causas:
-El dolor.
-El sentimiento de inutilidad.
-Depresión.
-Motivos familiares.
-Pérdida de la trascendencia.
viernes 17 de abril de 2009
La resurrección
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La resurrección de Jesús no es una vuelta a su vida anterior, para volver a morir de nuevo. Jesús entra en la vida definitiva de Dios; es "exaltado" por Dios (Hch 2,23); es una vida diferente a la nuestra. (Rm 6, 9-10)
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Jesús resucitado no es una "alma inmortal", ni un fantasma. Es un hombre completo, con cuerpo, vivo, concreto, que ha sido liberado de la muerte, del dolor, de las limitaciones materiales, con todo lo que constituye su personalidad.
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Dios interviene, no para volver a unir el cuerpo y el alma de Jesús, sino que ocurre un nuevo prodigio, una intervención creadora de Dios. El Padre actúa con su fuerza creadora y poderosa, levantando al muerto Jesús a la vida definitiva y plena.
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No se trata de que Jesús resucitó "en la fe" de sus discípulos, o "en su recuerdo". Es algo que aconteció verdaderamente en el muerto Jesús y no en la mente o en la imaginación. Jesús realmente ha sido liberado de la muerte y ha alcanzado la vida definitiva de Dios.
Con la Resurrección de Jesús, Dios afirma cosas muy importantes:
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Dios estaba de parte de Jesús, le da la razón en todo lo que hizo y dijo y se la quita a quienes estaban en su contra.
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Rehabilita su causa y su persona: Jesús es su Hijo, el Cristo, el Mesías esperado.
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Dice a la Iglesia naciente que su misión está fundada no solamente en el hecho histórico, sino en la experiencia pascual, en el encuentro de cada cristiano con Jesús Resucitado.
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Es la anticipación de la meta de la historia; hace surgir una fuerza dinámica e invita a un programa de vida para cada hombre.
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Hay un nuevo horizonte para la vida y nuevo sentido para la muerte. La vida es un camino que se puede andar con esperanza, pues la muerte no es el fin del hombre, sino el medio para volver a su destino final: Dios Padre.
-¿Qué pruebas hay de la resurrección?
El sepulcro vacío.- Los cuatro evangelistas lo mencionan. Lo reconocen incluso los soldados, los sacerdotes y las autoridades romanas. Aunque no es una prueba directa, es un signo especial, es el primer paso para el reconocimiento de la Resurrección. Juan dice: "vió y creyó (20,8).Las apariciones del Resucitado.- En ellas se basa el argumento definitivo para afirmar la Resurrección. NO FUERON VISIONES subjetivas, sino HECHOS OBJETIVOS, HISTÓRICOS. Se describen (en los últimos capítulos de los evangelios), como presencia real y hasta carnal de Jesús; come, camina, deja que lo toquen, platica con ellos. Son una base sólida de la fe en la Resurrección.
El testimonio de los que creemos.- Aunque no hubo testigos de la resurrección, sí los hay del Resucitado. Quienes lo vieron comenzaron a decir que el "Crucificado estaba vivo" y así es como surge la Iglesia. Nuestra fe procede de los primeros que creyeron y continuamos hoy transmitiendo esa misma fe en Jesús de Nazaret que murió por nosotros, y que RESUCITÓ como primicia de lo que será nuestra propia resurrección. ¡desde hace dos mil años, hombres y mujeres han dado testimonio de la fe en la Resurrección y así seguirá ocurriendo hasta el fin de los tiempos! .
-¿Cuáles son los encuentros del hombre con el resucitado?
En los evangelios se describen varios "encuentros" de Jesús Resucitado con varios de sus discípulos; hay cosas en común en estas experiencias:
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Jesús se "deja ver", para que salgan de su incredulidad y de su desconcierto.
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El encuentro afecta a la totalidad de sus personas: transforma el miedo en celo por el evangelio; la ignorancia por sabiduría; la debilidad por fortaleza; la tristeza por alegría. (Gal 1,23)
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Les descubre los enigmas de la fe: "se les abren los ojos" "ven y creen".
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Los encuentros siempre conducen a una llamada a la evangelización "vayan y digan" (Mt 28, 18-20; Mc 16,15; Lc 24,28; Jn 20,21).
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Comprenden que deben vivir su vida cotidiana con otro sentido y otra profundidad, el encuentro con el Resucitado es una experiencia prolongada en la vida. (2Cor 4,10).
-¿Qué opinas tú de la resurrección?
Creemos que la resurrección de Jesús es cierta debido sobre todo a las pruebas que lo demuestran y a la fe que ha demostrado la gente hacia ello.viernes 6 de marzo de 2009
trabajO(4)
1. ¿Cuál fue la experiencia central de Claudel?
No creía en Dios (era ateo) hasta que un día, en el coro de una misa lo tocó una "luz" divina y comenzó a creer fervientemente en Dios.
2. ¿Quién era dios para Claudel antes de ese día? ¿Quién fue Dios para él después?
Al principio para él Dios no era más que un invento de la Iglesia, posteriormente, se convirtió en el padre inefable que seguía sus pasos.
AcTiiviDades 2:
1. ¿Qué experiendias tuvo Karol Wojtyla en su juventud con relación a las ideología totalitarias?
Sufrió primero la ideología nazi, luego el comunismo y finalmente el totalitarismo.
2. ¿A qué se refiere cuando dice que "no se puede separar a Cristo de la historia del hombre"?
Se refiere a que Cristo fue el que impuso el límite entre estas ideología totalitarias del mal y su relación con el bien.
tRabajjO(3)
1. Bases de la antropología cristiana
Para el sentir cristiano, el ser humano es, antes que nada, un ser en proceso de formación; «un ser que se hace»1, un «ser en camino, un ser de paso»2, un ser que busca una perfección que todavía no posee. Por eso, el vocabulario de la forma -formación, conformación, deformación, transformación, reforma, etc- es connatural a la doctrina cristiana. Basta considerar los cuatro puntos en los que ésta compendia la historia del hombre:
1) El primer hombre -Adán- «formado del barro de la tierra»3, «fue creado a imagen y semejanza de Dios»4. Esta expresión no se refiere sólo al primer hombre sino también a cada uno de sus descendientes, que es llamado a la vida mediante un acto creador de Dios asociado a la transmisión de la herencia biológica; recibe la "forma" de Adán y es constituido como una nueva imagen de Dios (cfr. Gen 5,3).
2) La tradición cristiana entiende que la semejanza con Dios, inserta en la naturaleza humana, ha sido "deformada" por el pecado. Por eso, cada hombre recibe también en su naturaleza, la misteriosa huella de un eficaz «pecado original», que se
manifiesta en algunas quiebras, heridas o disfunciones. Y cada uno contribuye a aumentarlas con sus incoherencias morales.
3) Cada persona humana es llamada libremente (muchas veces, de manera misteriosa) a beneficiarse de la obra redentora de Cristo, nuevo Adán, que «renueva la imagen del Creador» en nosotros, con los rasgos del «hombre nuevo»5, mediante un proceso de identificación por el que somos "conformados" como «hijos de Dios» en Cristo6.
4) Al final de los tiempos, la imagen de Dios que tiene cada ser humano, será plenamente "transformada" a semejanza de Cristo, imagen perfecta del Padre7; pues, como dice San Juan: «sabemos que cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es»8; o según San Pablo, «nos revestiremos del hombre celestial»9 .
Así, la historia de cada persona es un camino de "formación", o mejor, de "transformación": desde la imagen original, recibida de Adán y "deformada" por el pecado, hasta adquirir la imagen del hombre nuevo, Jesucristo. La llamada a la existencia es, al mismo tiempo, la vocación a recorrer este camino12.
Cada ser humano es «querido por sí mismo»11 para ser sujeto de un diálogo existencial con Dios, que se desarrolla en su conciencia. Como fruto de ese diálogo, debido al juego de la libertad humana y la gracia divina, deben manifestarse en su vida los rasgos morales y espirituales de Cristo, adquiriendo su fisonomía. Y esto se realiza no sin dificultades, según la notable expresión de San Pablo a los Gálatas: «Hijos míos por quienes sufro dolores de parto hasta ver a Cristo formado en vosotros»10.
Gracias a este dato de la fe sabemos que el hombre, varón y mujer, es el único ser sobre la tierra para el que su existencia se orienta hacia una plenitud personal. En todos los seres vivos se produce una maduración, que consiste sólo en el desarrollo de las capacidades que ya posee, que no escapan al ciclo biológico de la decadencia. El hombre, en cambio, está llamado a alcanzar una forma perfecta que no está en su naturaleza sino en Cristo14. Por eso se habla del nacimiento a una nueva vida, que viene de Cristo y que es la vida del Espíritu (cfr. Jn 3). De este modo, la persona humana se hace «partícipe de la naturaleza divina»13, sin perder su condición, sino llevándola a la plenitud del hombre perfecto, Jesucristo. Él es el arquetipo o imagen perfecta que se corresponde con el designio de Dios para el hombre.
Esto tiene una importante consecuencia para la antropología, para el estudio del ser humano. Pues se da la paradoja de que el saber pleno sobre el hombre no puede deducirse simplemente del estudio de la condición humana tal como se nos presenta en su situación real e histórica, sino que, según la fe cristiana, es necesario acudir a la realización del hombre perfecto, Jesucristo15. Por esa razón la Constitución Pastoral Gaudium et Spes afirma que «Cristo revela plenamente el hombre al hombre mismo»16. Sólo en Cristo puede conocerse plenamente el designio de Dios, el hombre plenamente realizado17. La definición plena y total del ser humano sólo está en Cristo: las claves que definen la vida humana hay que leerlas en el misterio de su ser y en los misterios de su vida: en su ejemplo y en su mensaje, en su muerte y en su resurrección
No extrañará, entonces, que la Iglesia sea tan consciente del inmenso valor de su conocimiento acerca del hombre. Así, Pablo VI en su discurso a las Naciones Unidas, se quiso presentar como «experto en humanidad»18 y el concilio Vaticano II se sintió urgido a poner ese conocimiento a disposición de todos los hombres19, consciente de que era la mejor aportación que podía prestar al mundo moderno; porque «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado»20. Por su parte, es bien sabido que el Papa Juan Pablo II ha hecho de esa doctrina el eje fundamental de su mensaje. Casi al principio de su pontificado, en una memorable homilía dirigida a un grupo de universitarios, se expresaba así: «La Iglesia no tiene preparado un proyecto de escuela universitaria, ni de sociedad, pero tiene un proyecto de hombre, de un hombre nuevo renacido por la gracia»21.
Arte y cristianismo
La iconografía cristiana interesa no sólo a la historia del arte, sino también a la historia de la civilización en general, del pensamiento humano y, más particularmente, del sentimiento religioso. Refleja, como un espejo fiel, todos los progresos del pensamiento, todos los matices de la sensibilidad; y así, de la misma manera que una palabra puede tener varias acepciones simultáneas o sucesivas, una imagen puede sugerir, según las épocas, ideas muy diferentes o incluso diametralmente opuestas.
La evolución iconográfica de un tema nos ilustra sobre las variaciones de las creencias, sobre la tensión o la relajación del sentimiento religioso. Existe una semántica icónica que merece un lugar en la jerarquía de las ciencias históricas, análogo al que ocupa la semántica verbal en el campo de las ciencias filológicas.
La iconografía no refleja solamente las creencias: a menudo las crea. Muchas leyendas de santos deben su nacimiento a imágenes a veces mal comprendidas o interpretadas en sentido contrario.
Así pues, la iconografía no es solamente una ciencia auxiliar, sino una ciencia independiente por su objeto y sus métodos que, aun prestando servicio a la arqueología y a la historia del arte, abre horizontes a la historia general de la civilización, a la evolución del pensamiento y del sentimiento religiosos y contribuye, tanto como la estilística, a la comprensión de la vida profunda de las imágenes.
HumaniSmO cRiistianO (2)
EL HUMANISMO CRISTIANO
1. El humanismo cristiano
1.1. Las bases del humanismo cristiano.- Durante los dos últimos siglos, entre los humanismos cerrados a Dios, se ha ido abriendo paso un humanismo que parte de criterios evangélicos y hunde sus raíces en el interés por todo lo humano a partir de una concepción cristiana del hombre y de la vida. Su principal expresión es el llamado humanismo cristiano, concepto bastante moderno.
Desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX, muchos pensadores cristianos han tenido en cuenta la realidad de una sociedad cambiante, que se iba alejando progresivamente de Dios, y han sentido la necesidad de profundizar en la visión del hombre y de la sociedad desde una perspectiva cristiana.
La filosofía centrada en la dignidad de la persona humana surge como una reacción contra dos corrientes opuestas, el totalitarismo y el individualismo*.
Se suele considerar que el actual humanismo cristiano está ligado al resurgir de la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente a partir de la Rerum novarum de Leon XIII (1891).
Con esta encíclica la Iglesia trató de presentar ante el mundo una doctrina defensora del hombre, que pudiera superar las profundas deficiencias éticas del liberalismo individualista y de los totalitarismos. La Iglesia se presentó al mundo moderno como portadora de una visión de la sociedad y de una ética capaces de dar respuesta a las necesidades más profundas del ser humano actual.
1.2. Un mundo más humano
Juan Pablo II dedicó a Cristo y al hombre la primera encíclica de su pontificado. He aquí un párrafo de este importante documento en el que nos presenta algunas claves para comprender el papel del humanismo cristiano en nuestra época: “El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo (...) exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la ética. Sin embargo, esto último parece, por desgracia, haberse quedado atrás. Por esto, este progreso (...) no puede menos que engendrar múltiples inquietudes.
• La primera: ¿este progreso, cuyo autor es el ser humano, hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, "más humana"? (...) Esta pregunta vuelve a plantearse obstinadamente en lo que se refiere a lo verdaderamente esencial: si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados (...). Esta es la pregunta que deben hacerse los cristianos, precisamente porque Jesucristo los ha sensibilizado así universalmente en torno al problema del hombre” (Redemptor hominis nº 15).
El humanismo cristiano se podría caracterizar por estas cuatro notas:
• la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales, comenzando por el derecho a la vida.
• La solidaridad
• la justicia social y la paz entre las naciones
• Apertura a Dios y a su proyecto salvador para la humanidad.
2. Humanistas cristianos
Dentro de estos, unos glosan una concepción integral del hombre; otros, inciden en aspectos de la persona como individuo; un tercer grupo ilustra el mundo de las relaciones humanas (son los llamados filósofos del diálogo); otros desarrollan un humanismo cristiano desde los principios de la «fenomenología».
2.1. Jacques Maritain.- Filósofo neotomista francés (1882-1973) que se convirtió al catolicismo cuando tenía 24 años. Después de su conversión estudió a santo Tomás de Aquino, de quien siempre se consideró discípulo. En su libro Humanismo integral (1936) se propone presentar las bases de un humanismo verdadero para construir una nueva sociedad de inspiración cristiana.
Parte de una crítica de la antropología que está detrás del marxismo totalitarista y del individualismo liberal, y afirma que los dos se equivocan, porque no reconocen la peculiaridad de la persona: son materialistas y solo conciben individuos y conflictos materiales entre individuos, por lo que construyen un mundo inhumano.
Maritain dice que el hombre, más que individuo, es persona: un ser abierto a las relaciones con los demás hombres y con Dios, un ser capaz de amar, un ser capaz de poseerse y de darse.
Utilizó esta distinción para exponer su doctrina sobre la sociedad: insiste en que el fin propio de la sociedad es el desarrollo de todos los ciudadanos como personas.
Es necesario, recuerda, crear las condiciones debidas para que surja una sociedad de personas, con lazos de relaciones personales. Afirma que la sociedad no es sólo la suma o agregación de individuos, sino una comunión de personas en la que se ha de respetar la dignidad de todo ser humano.
Mantiene que sólo el cristianismo tiene la fuerza verdadera para crear una auténtica y plena comunión de personas, se declara enemigo de todos los estatalismos y defiende que la democracia es el régimen que más se acomoda a la condición libre de las personas.
2.2. Gabriel Marcel.-
Gabriel Marcel (1889-1973). Filósofo existencialista, convertido al catolicismo cuando tenía 40 años, es el primero en plantear una tesis personalista en el humanismo cristiano.
En un diario filosófico, que tituló Ser y tener (1935), se fija en un fenómeno muy sencillo: cuando cada uno se refiere a su cuerpo, no dice directamente «yo», sino «mi cuerpo».
El cuerpo es algo «mío», profundamente “mío”, pero no es «yo». Yo «tengo» un cuerpo, pero no «soy» mi cuerpo; yo «tengo» una mano, pero no «soy» mi mano. Yo tengo también cosas y propiedades que son «mías», pero no son «yo», no son «mi ser».
Detrás de esas expresiones, se adivina una realidad profunda: unas cosas pertenecen al «ser» del hombre -soy “yo”- y otras, en cambio, al «tener» -son mías»-. El hombre es un ser que puede crecer en la dirección del ser o en la del tener: puede crecer teniendo más cosas o siendo más.
Cada hombre crece en el «ser» -es más hombre- cuando aumenta sus relaciones humanas, cuando se comunica, cuando se entrega, cuando ama, cuando hay plena coherencia en su vida. En su relación con los demás hombres y con Dios, el hombre se sitúa en el mundo como persona.
El hombre es un ser en un mundo de relaciones espirituales, la más importante de las cuales es el amor. Pero puede desnaturalizarlas: puede relacionarse con las personas como si fueran cosas; puede intentar poseerlas, utilizarlas, aumentar con ellas su «tener» -su poder, su dominio, su riqueza.
Cuanto más nos entregamos y amamos, cuanto más intensa es nuestra relación con otros seres humanos y con Dios, nuestra personalidad se hace más auténtica y profunda. Aunque nunca llega a ser perfecta en este mundo «roto», donde tantas limitaciones materiales y morales hacen difícil, y a veces dramática, esta empresa del amor.
Según Marcel, tanto el pensamiento del capitalismo liberal, como el colectivismo marxista olvidan esto; por eso, solo pueden producir una cultura del «tener», que empobrece al hombre y produce seres humanos deformes, que no se han desarrollado espiritualmente.
2.3. Emmanuel Mounier.- Filósofo francés (1905-1950), amigo de Jacques Maritain. En 1932 fundó la revista Esprit, que tenía por objeto «rehacer los fundamentos espirituales de la Europa contemporánea”.
Acuñó la expresión «personalismo* cristiano» para referirse a los ideales de su movimiento: «Llamamos personalista a toda doctrina, a toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo».
Mounier fue también muy crítico con los totalitarismos fascistas y marxistas; pero su critica más aguda y original se dirige al individualismo liberal: “Existe en la individualidad una exigencia de mordiente, un instinto de propiedad que, en el dominio de sí mismo, es lo que la avaricia para la verdadera posesión».
Mantiene que la persona se mide por sus actos, que el reduce a cinco fundamentales: salir fuera de si, comprender, tomar sobre cinco fundamentales: salir fuera de sí, comprender, tomar sobre sí, dar y ser fiel. Así, dice: “La persona se gana perdiéndose; se posee, dándose”, expresiones con evidentes resonancias evangélicas.
Critica la masificación y despersonalización de las sociedades modernas. Piensa que son sociedades impersonales, fundadas en equilibrios jurídicos para regular el provecho de los particulares, sin intercambio personal y sin intimidad.
Merece la pena notar un detalle. En los países del Este de Europa, concretamente en Polonia, los principios teóricos del personalismo de Mounier sirvieron para criticar la deshumanización de la sociedad marxista y para abrir horizontes sobre lo que debería ser una sociedad cristiana. Bastantes expresiones de Mounier, popularizadas en el pensamiento católico francés, encontraron eco en la constitución apostó1ica Gaudium et spes del Concilio Vaticano II.
2.4. Julián Marías.- Filósofo español (Valladolid, 1914-2005), discípulo de José Ortega y Gasset. Su punto de partida es la “vida personal” de cada sujeto, a partir de la que elabora su teoría filosófica. Su texto más emblemático es Antropología filosófica, en el que la persona aparece como un ser narrativo, “futurizo” (proyectado hacia el futuro), corporal, sexuado, diverso como hombre y como mujer, pero con la impresionante capacidad de enamorarse y con la pretensión y el afán de la inmortalidad.
En su concepción, cada uno es responsable de su propia historia personal y, por tanto, social: “Los recursos de todo orden con que el conjunto de la humanidad empieza su vida son hoy inmensamente superiores que antes. Si no estamos en una época creadora, no tenemos disculpa. Somos responsables de nosotros mismos, de lo que hacemos con nuestras vidas”.
2.5. Edith Stein.- Filósofa alemana (1891-1942) discípula de Husserl y convertida al catolicismo en 1922; murió mártir en Auschwitz, por su doble condiición de judía y monja carmelita. Fue canonizada en 1998.
Edith Stein une el método fenomenológico con la sabiduría de la mística de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz. Su principal obra, Ser finito y ser eterno, se ocupa del ser humano, que se entiende como imagen del ser divino.
El punto de partida es el propio “ser interior” del hombre, que parece “fluir” entre el ser y el no ser. Esto significa que el yo se “autoexperimenta” en el tiempo presente, entre lo que se ha ido y lo que viene. Y ahí el hombre topa en sí mismo con la separación entre el ser temporal y el ser eterno.
Como consecuencia queda establecido que el ser humano, observado hasta su fundamento, no está hecho por si mismo, ni tampoco es autosuficiente: “La peculiaridad del ser humano es lo enigmático de su "de dónde" y su "hacia dónde"”. El ser humano está imposibilitado para dar sentido a su pasado y a su futuro (y, por ello, también a su presente), y siente la acuciante necesidad de encontrar este sentido. Es en la confianza, en el abandono en Dios donde el ser humano encuentra una íntima seguridad, un flujo vital que asciende de una Actividad y de una Fuerza que no le pertenecen, pero que llegan a hacerse activas en él.
2.6. Karol Wojtyla.- Al hablar del humanismo cristiano es necesario aludir a Juan Pablo II. El temple intelectual de Karol Wojtyla viene marcado por su condición profesional de filósofo, profesor de Etica en la Universidad de Lublin (Polonia) antes de acceder al episcopado.
Dotado de una personalidad atractiva y optimista, e1 que fuera Juan Pablo II ha sido, ante todo, una persona y un cristiano lleno de esperanza. Para él, Cristo es el “modelo, la meta y el fin de la historia”; el hombre se realiza viviendo su vocación de entrega a los demás, a imitación del Maestro.
Ve en el materialismo egoísta la raíz de la falta de solidaridad que aqueja a la civilización globalizada. La abundancia de bienes materiales y la falta de generosidad para su distribución, es la causa mas notoria de la ceguera espiritual que padecen tantas mujeres y tantos hombres de nuestro tiempo.
Karol Wojtyla ha explicado que, con demasiada frecuencia, las concepciones del hombre que transmite la sociedad moderna se han convertido en auténticos sistemas de pensamiento que alejan de la verdad al excluir a Dios, creyendo que con ello están afirmando la primacía del hombre, en nombre de una pretendida libertad y de su pleno y libre desarrollo. Ha enseñado que esta mutilación profunda se convierte hoy en una auténtica amenaza para los seres humanos, pues lleva a concebir al hombre sin relación alguna con la trascendencia.
Por eso, una de las tareas esenciales de la Iglesia, en su diálogo con las culturas, consiste en guiar a nuestros contemporáneos en el descubrimiento de una sana antropología, que los lleve a conocer a Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.