viernes 6 de marzo de 2009

HumaniSmO cRiistianO (2)

EL HUMANISMO CRISTIANO

1. El humanismo cristiano

1.1. Las bases del humanismo cristiano.- Durante los dos últimos siglos, entre los humanismos cerrados a Dios, se ha ido abriendo paso un humanismo que parte de criterios evangélicos y hunde sus raíces en el interés por todo lo humano a partir de una concepción cristiana del hombre y de la vida. Su principal expresión es el llamado humanismo cristiano, concepto bastante moderno.

Desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX, muchos pensadores cristianos han tenido en cuenta la realidad de una sociedad cambiante, que se iba alejando progresivamente de Dios, y han sentido la necesidad de profundizar en la visión del hombre y de la sociedad desde una perspectiva cristiana.

La filosofía centrada en la dignidad de la persona humana surge como una reacción contra dos corrientes opuestas, el totalitarismo y el individualismo*.

Se suele considerar que el actual humanismo cristiano está ligado al resurgir de la Doctrina Social de la Iglesia, especialmente a partir de la Rerum novarum de Leon XIII (1891).

Con esta encíclica la Iglesia trató de presentar ante el mundo una doctrina defensora del hombre, que pudiera superar las profundas deficiencias éticas del liberalismo individualista y de los totalitarismos. La Iglesia se presentó al mundo moderno como portadora de una visión de la sociedad y de una ética capaces de dar respuesta a las necesidades más profundas del ser humano actual.

1.2. Un mundo más humano

Juan Pablo II dedicó a Cristo y al hombre la primera encíclica de su pontificado. He aquí un párrafo de este importante documento en el que nos presenta algunas claves para comprender el papel del humanismo cristiano en nuestra época: “El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo (...) exigen un desarrollo proporcional de la moral y de la ética. Sin embargo, esto último parece, por desgracia, haberse quedado atrás. Por esto, este progreso (...) no puede menos que engendrar múltiples inquietudes.

• La primera: ¿este progreso, cuyo autor es el ser humano, hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, "más humana"? (...) Esta pregunta vuelve a plantearse obstinadamente en lo que se refiere a lo verdaderamente esencial: si el hombre, en cuanto hombre, en el contexto de este progreso, se hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más abierto a los demás, particularmente a los más necesitados (...). Esta es la pregunta que deben hacerse los cristianos, precisamente porque Jesucristo los ha sensibilizado así universalmente en torno al problema del hombre” (Redemptor hominis nº 15).

El humanismo cristiano se podría caracterizar por estas cuatro notas:

• la dignidad de la persona humana y sus derechos fundamentales, comenzando por el derecho a la vida.

• La solidaridad

• la justicia social y la paz entre las naciones

• Apertura a Dios y a su proyecto salvador para la humanidad.

2. Humanistas cristianos

Dentro de estos, unos glosan una concepción integral del hombre; otros, inciden en aspectos de la persona como individuo; un tercer grupo ilustra el mundo de las relaciones humanas (son los llamados filósofos del diálogo); otros desarrollan un humanismo cristiano desde los principios de la «fenomenología».

2.1. Jacques Maritain.- Filósofo neotomista francés (1882-1973) que se convirtió al catolicismo cuando tenía 24 años. Después de su conversión estudió a santo Tomás de Aquino, de quien siempre se consideró discípulo. En su libro Humanismo integral (1936) se propone presentar las bases de un humanismo verdadero para construir una nueva sociedad de inspiración cristiana.

Parte de una crítica de la antropología que está detrás del marxismo totalitarista y del individualismo liberal, y afirma que los dos se equivocan, porque no reconocen la peculiaridad de la persona: son materialistas y solo conciben individuos y conflictos materiales entre individuos, por lo que construyen un mundo inhumano.

Maritain dice que el hombre, más que individuo, es persona: un ser abierto a las relaciones con los demás hombres y con Dios, un ser capaz de amar, un ser capaz de poseerse y de darse.

Utilizó esta distinción para exponer su doctrina sobre la sociedad: insiste en que el fin propio de la sociedad es el desarrollo de todos los ciudadanos como personas.

Es necesario, recuerda, crear las condiciones debidas para que surja una sociedad de personas, con lazos de relaciones personales. Afirma que la sociedad no es sólo la suma o agregación de individuos, sino una comunión de personas en la que se ha de respetar la dignidad de todo ser humano.

Mantiene que sólo el cristianismo tiene la fuerza verdadera para crear una auténtica y plena comunión de personas, se declara enemigo de todos los estatalismos y defiende que la democracia es el régimen que más se acomoda a la condición libre de las personas.

2.2. Gabriel Marcel.-

Gabriel Marcel (1889-1973). Filósofo existencialista, convertido al catolicismo cuando tenía 40 años, es el primero en plantear una tesis personalista en el humanismo cristiano.

En un diario filosófico, que tituló Ser y tener (1935), se fija en un fenómeno muy sencillo: cuando cada uno se refiere a su cuerpo, no dice directamente «yo», sino «mi cuerpo».

El cuerpo es algo «mío», profundamente “mío”, pero no es «yo». Yo «tengo» un cuerpo, pero no «soy» mi cuerpo; yo «tengo» una mano, pero no «soy» mi mano. Yo tengo también cosas y propiedades que son «mías», pero no son «yo», no son «mi ser».

Detrás de esas expresiones, se adivina una realidad profunda: unas cosas pertenecen al «ser» del hombre -soy “yo”- y otras, en cambio, al «tener» -son mías»-. El hombre es un ser que puede crecer en la dirección del ser o en la del tener: puede crecer teniendo más cosas o siendo más.

Cada hombre crece en el «ser» -es más hombre- cuando aumenta sus relaciones humanas, cuando se comunica, cuando se entrega, cuando ama, cuando hay plena coherencia en su vida. En su relación con los demás hombres y con Dios, el hombre se sitúa en el mundo como persona.

El hombre es un ser en un mundo de relaciones espirituales, la más importante de las cuales es el amor. Pero puede desnaturalizarlas: puede relacionarse con las personas como si fueran cosas; puede intentar poseerlas, utilizarlas, aumentar con ellas su «tener» -su poder, su dominio, su riqueza.

Cuanto más nos entregamos y amamos, cuanto más intensa es nuestra relación con otros seres humanos y con Dios, nuestra personalidad se hace más auténtica y profunda. Aunque nunca llega a ser perfecta en este mundo «roto», donde tantas limitaciones materiales y morales hacen difícil, y a veces dramática, esta empresa del amor.

Según Marcel, tanto el pensamiento del capitalismo liberal, como el colectivismo marxista olvidan esto; por eso, solo pueden producir una cultura del «tener», que empobrece al hombre y produce seres humanos deformes, que no se han desarrollado espiritualmente.

2.3. Emmanuel Mounier.- Filósofo francés (1905-1950), amigo de Jacques Maritain. En 1932 fundó la revista Esprit, que tenía por objeto «rehacer los fundamentos espirituales de la Europa contemporánea”.

Acuñó la expresión «personalismo* cristiano» para referirse a los ideales de su movimiento: «Llamamos personalista a toda doctrina, a toda civilización que afirma el primado de la persona humana sobre las necesidades materiales y sobre los mecanismos colectivos que sostienen su desarrollo».

Mounier fue también muy crítico con los totalitarismos fascistas y marxistas; pero su critica más aguda y original se dirige al individualismo liberal: “Existe en la individualidad una exigencia de mordiente, un instinto de propiedad que, en el dominio de sí mismo, es lo que la avaricia para la verdadera posesión».

Mantiene que la persona se mide por sus actos, que el reduce a cinco fundamentales: salir fuera de si, comprender, tomar sobre cinco fundamentales: salir fuera de sí, comprender, tomar sobre sí, dar y ser fiel. Así, dice: “La persona se gana perdiéndose; se posee, dándose”, expresiones con evidentes resonancias evangélicas.

Critica la masificación y despersonalización de las sociedades modernas. Piensa que son sociedades impersonales, fundadas en equilibrios jurídicos para regular el provecho de los particulares, sin intercambio personal y sin intimidad.

Merece la pena notar un detalle. En los países del Este de Europa, concretamente en Polonia, los principios teóricos del personalismo de Mounier sirvieron para criticar la deshumanización de la sociedad marxista y para abrir horizontes sobre lo que debería ser una sociedad cristiana. Bastantes expresiones de Mounier, popularizadas en el pensamiento católico francés, encontraron eco en la constitución apostó1ica Gaudium et spes del Concilio Vaticano II.

2.4. Julián Marías.- Filósofo español (Valladolid, 1914-2005), discípulo de José Ortega y Gasset. Su punto de partida es la “vida personal” de cada sujeto, a partir de la que elabora su teoría filosófica. Su texto más emblemático es Antropología filosófica, en el que la persona aparece como un ser narrativo, “futurizo” (proyectado hacia el futuro), corporal, sexuado, diverso como hombre y como mujer, pero con la impresionante capacidad de enamorarse y con la pretensión y el afán de la inmortalidad.

En su concepción, cada uno es responsable de su propia historia personal y, por tanto, social: “Los recursos de todo orden con que el conjunto de la humanidad empieza su vida son hoy inmensamente superiores que antes. Si no estamos en una época creadora, no tenemos disculpa. Somos responsables de nosotros mismos, de lo que hacemos con nuestras vidas”.

2.5. Edith Stein.- Filósofa alemana (1891-1942) discípula de Husserl y convertida al catolicismo en 1922; murió mártir en Auschwitz, por su doble condiición de judía y monja carmelita. Fue canonizada en 1998.

Edith Stein une el método fenomenológico con la sabiduría de la mística de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz. Su principal obra, Ser finito y ser eterno, se ocupa del ser humano, que se entiende como imagen del ser divino.

El punto de partida es el propio “ser interior” del hombre, que parece “fluir” entre el ser y el no ser. Esto significa que el yo se “autoexperimenta” en el tiempo presente, entre lo que se ha ido y lo que viene. Y ahí el hombre topa en sí mismo con la separación entre el ser temporal y el ser eterno.

Como consecuencia queda establecido que el ser humano, observado hasta su fundamento, no está hecho por si mismo, ni tampoco es autosuficiente: “La peculiaridad del ser humano es lo enigmático de su "de dónde" y su "hacia dónde"”. El ser humano está imposibilitado para dar sentido a su pasado y a su futuro (y, por ello, también a su presente), y siente la acuciante necesidad de encontrar este sentido. Es en la confianza, en el abandono en Dios donde el ser humano encuentra una íntima seguridad, un flujo vital que asciende de una Actividad y de una Fuerza que no le pertenecen, pero que llegan a hacerse activas en él.

2.6. Karol Wojtyla.- Al hablar del humanismo cristiano es necesario aludir a Juan Pablo II. El temple intelectual de Karol Wojtyla viene marcado por su condición profesional de filósofo, profesor de Etica en la Universidad de Lublin (Polonia) antes de acceder al episcopado.

Dotado de una personalidad atractiva y optimista, e1 que fuera Juan Pablo II ha sido, ante todo, una persona y un cristiano lleno de esperanza. Para él, Cristo es el “modelo, la meta y el fin de la historia”; el hombre se realiza viviendo su vocación de entrega a los demás, a imitación del Maestro.

Ve en el materialismo egoísta la raíz de la falta de solidaridad que aqueja a la civilización globalizada. La abundancia de bienes materiales y la falta de generosidad para su distribución, es la causa mas notoria de la ceguera espiritual que padecen tantas mujeres y tantos hombres de nuestro tiempo.

Karol Wojtyla ha explicado que, con demasiada frecuencia, las concepciones del hombre que transmite la sociedad moderna se han convertido en auténticos sistemas de pensamiento que alejan de la verdad al excluir a Dios, creyendo que con ello están afirmando la primacía del hombre, en nombre de una pretendida libertad y de su pleno y libre desarrollo. Ha enseñado que esta mutilación profunda se convierte hoy en una auténtica amenaza para los seres humanos, pues lleva a concebir al hombre sin relación alguna con la trascendencia.

Por eso, una de las tareas esenciales de la Iglesia, en su diálogo con las culturas, consiste en guiar a nuestros contemporáneos en el descubrimiento de una sana antropología, que los lleve a conocer a Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre.